Sentencia vital
Palabras, nos da, funestas,
la vida, mientras vivimos...
un camino de respuestas
a preguntas que no hicimos.
Palabras, nos da, funestas,
Aunque no lo sepas, el silencio es el lugar donde nacen las palabras, me queda poco. Qué dirán tus labios cuando no me lean. No habrá más instantes atrapados entre letras. Hablarán de tus ojos las palabras viejas, se secarán mis silencios, y mis días y mis noches dejarán de escribir.
Tierra de leyenda, incomprendida tierra, hoy alzo mi voz en tu lengua y grito al aire tu nombre, Castilla desgajada.
Entre los huecos de la soledad se esconde el alma. No hay sombra sin luz. Qué sabrá el viento del polvo que transporta, alma sin alma, sombra sin sombra.
Será mi último viaje, busco palabras y encuentro recuerdos. No digo nada, nada y silencio. El corazón no late, la sangre se para, ya es de noche, hace frío y camino hacia la oscuridad del tiempo.
Inconcluso, octubre, se cierra. Incertidumbre, se abre noviembre, y vendrá diciembre. En la vejez del año, la senda de la duda, el camino de lo cierto, alcanzará.
Cielo, si me pides un instante, eternidad, te doy. Ya los días y las horas no cuentan, tengo el tiempo roto.
Partiré y tú partirás. No son lágrimas negras, es oscuridad y silencio, sangre es la tinta que escribe estos versos. Perdidas de amor, hablarán de ti, y como hojas secas que el viento indultó, colgadas de un blog, quedarán, las palabras.
Los sentimientos no pueden expresarse con palabras, y cuando lo intentan necesitan de la forma para acercarse al fondo, la historia, en este caso, no importa, no se trata del texto sino más bien de la sensación que produce al leerlo.
El hombre crea el tiempo, el tiempo se deshace, se deshace el hombre con el tiempo...
Con un pie en el estribo, viven, las ánimas. Cuando los ojos lloran algo de alma se va, cabalga el alma, alma nos quedará mientras nos queden lágrimas.
Párrafos de lágrimas, en tu diario, esperan ser reescritos, en el mío hay sueños ocultos, recuerdos enterrados, hay letras que no se ven y hasta hojas que faltan.
Podría no sentir lo que escribo o no escribir lo que siento, pero son mis palabras instantes robados al tiempo.
No son tus ojos, ni tus manos, tampoco tus lágrimas, ¡Dios!, es el adiós de tus labios lo que me entumece el alma.
Garras de cuervo, previas a la muerte, vienen y van, atrapando el tiempo en un reloj de arena. No te engañes, naces, noche negra, desgarrado grito, vives para morir. Los gemidos no, se agotan las palabras.
Querida Utopía, hoy mueres sin estar viva, y yo vago sin estar muerto entre tu muerte y la mía.
Pizarra binaria de donde los buenos citan y donde los ladrones roban, troj de textos, almacén de palabras, blog de letras gastadas... imaginas el sol de noche, la luna de día, y mentiras que son verdad, y verdades que son mentira.
Habla el silencio esta noche, susurra silencio y grita ¡cállame! Ahora no vive y no quiere vivir. Tus labios lo matan, mis ojos lo entierran, pero él no se calla, musita sin ruido, el silencio es un muerto incapaz de morir.