Prohibido llevar reloj
El hombre crea el tiempo, el tiempo se deshace, se deshace el hombre con el tiempo...
El hombre crea el tiempo, el tiempo se deshace, se deshace el hombre con el tiempo...
Con un pie en el estribo, viven, las ánimas. Cuando los ojos lloran algo de alma se va, cabalga el alma, alma nos quedará mientras nos queden lágrimas.
Párrafos de lágrimas, en tu diario, esperan ser reescritos, en el mío hay sueños ocultos, recuerdos enterrados, hay letras que no se ven y hasta hojas que faltan.
Podría no sentir lo que escribo o no escribir lo que siento, pero son mis palabras instantes robados al tiempo.
No son tus ojos, ni tus manos, tampoco tus lágrimas, ¡Dios!, es el adiós de tus labios lo que me entumece el alma.
Garras de cuervo, previas a la muerte, vienen y van, atrapando el tiempo en un reloj de arena. No te engañes, naces, noche negra, desgarrado grito, vives para morir. Los gemidos no, se agotan las palabras.
Querida Utopía, hoy mueres sin estar viva, y yo vago sin estar muerto entre tu muerte y la mía.
Pizarra binaria de donde los buenos citan y donde los ladrones roban, troj de textos, almacén de palabras, blog de letras gastadas... imaginas el sol de noche, la luna de día, y mentiras que son verdad, y verdades que son mentira.
Habla el silencio esta noche, susurra silencio y grita ¡cállame! Ahora no vive y no quiere vivir. Tus labios lo matan, mis ojos lo entierran, pero él no se calla, musita sin ruido, el silencio es un muerto incapaz de morir.
Cada segundo que mi corazón no lata estaré muerto, vaga el alma, ausente el cuerpo, como a teclas que escriben recuerdos golpean mis dedos al tiempo.
No es libre aquel que piensa condicionado por una ideología, y sólo aquel que se eleva por encima de toda ideología piensa por sí mismo y alcanza la libertad. Las ideas mueren, sólo el hombre perdura.
De sus escritos, dice, que sus versos son pasado, recuerdos, tiempo muerto que enterrar, por eso lanza letras al viento deshaciendo palabras, destruyendo poemas para no recordar.
Vaciando esperanzas, vomita, el verano, renglones torcidos mezclados con «vodka» en la taberna del alma. Y se frota los ojos y mira hacia el cielo los días de lluvia para llenarse de lágrimas.
El silencio toma la palabra y la engulle en sus entrañas. Cortas son las noches, eternas las miradas, el silencio es palabra, la palabra es silencio en el amor.
Aunque lágrimas pronuncien tus labios, es en tus ojos donde se desnuda el alma. Te regalo mi silencio y lo clavo en tu mirada, porque son tus ojos los que lloran las palabras.
Vieja, mi tierra son cinco tierras de suelo seco a empapado. Tiene lluvia, la aldea del recuerdo, y callejuelas estrechas de piso embarrado. ¡Ay, Castilla!, en el redil de los años y del tiempo, unos cambian tu historia y otros miran de lado.
Cuentan que en las tierras de España no hace tanto que el invierno enamoró a la primavera. Entre noches de alcoba, lujuria, se vivieron días de sol, dicen, y besos de hielo.